Una viajera comparte su experiencia de viajar en crucero por primera vez

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Siendo alguien a quien le encanta viajar, siempre he sentido curiosidad por los cruceros y si me gustaría tanto como mis vacaciones habituales en tierra, pero me frenaba la idea de estar atrapada en una embarcación durante mucho tiempo. También me preocupaba que no pudiera disfrutar de la comida en una embarcación de crucero, pues soy muy delicada para comer, y me gustan los platos sencillos. Pero cuando encontré el crucero de Celestyal de tres noches de recorrido por las islas griegas, pensé que ya era hora de decidirme y probar algo nuevo.

 

Lo primero que me atrajo al itinerario Egeo Icónico fue el hecho de que era solo de tres noches y más bien un minicrucero, perfecto para alguien como yo, que no tuviera ni idea sobre cruceros. Dar un resonante SÍ a este crucero también significaba que descubriría un abanico de destinos increíbles, incluidos Mikonos y Santorini, dos islas que siempre he querido visitar. El coste y el hecho de que las comidas y bebidas están incluidas también fueron un reclamo considerable.  

Primeras impresiones

Al subir a bordo del Celestyal Olympia, estaba ilusionada y un tanto nerviosa, pues este no era solo el comienzo de mi primer crucero, sino también mi primera experiencia viajando sola. No sabía lo que esperar, pero imaginé que habría mucha más gente, por lo que me sorprendió gratamente ver que la embarcación, de tamaño medio, no estaba abarrotada de gente. También me gustó que facturaron mi equipaje en el puerto (y más tarde lo entregaron a mi camarote), pues esto me permitió pasar más tiempo explorando la embarcación. Si tengo que ser honesta, solo descubrir los muchos niveles de esta embarcación resultó una emocionante aventura en sí misma.

La vida a bordo del Celestyal Olympia

La atmósfera era distendida, y el personal, siempre servicial, se esforzaron en todo momento para que me sintiera cómoda y feliz. Perdí la cuenta de cuántas veces tuve que preguntar cómo llegar a mi camarote y al fabuloso Horizons Bar en la parte superior de la embarcación, el lugar donde disfruté tomando un Ouzotini (un cocktail griego) cada noche. No me bañé en la piscina durante el día, pero sí me tomé muchas copas de vino en el bar Thalassa, en la cubierta 10, el lugar perfecto para ver a la gente pasar y disfrutar de las magníficas vistas del océano. Encontré que todos los bares y salas eran lugares perfectos para tomarse una bebida y conocer a otros huéspedes, y con multitud de zonas tranquilas para cuando necesitaba desconectar.

Era imposible aburrirse, pues el programa diario estaba siempre repleto de todo tipo de actividades, desde noches de trivial, bingo y demostraciones de cocina, a clases de baile, clases de idiomas y competiciones deportivas. La animación de la noche también era de primera clase, y disfruté sobre todo de los espectáculos en vivo en la sala Muses y las noches de discoteca en el bar Eclipse.

Una de las cosas que más me sorprendieron de este crucero fue la amplia variedad del menú. El desayuno y el almuerzo se sirven en un bufet en el restaurante Aegean, pero preferí el bufet de autoservicio en el Leda, una zona de comida informal situada en la parte trasera del Olympia. Ambos aportan multitud de opciones a alguien complicado con la comida, como lo soy yo, no obstante, el bufet de Leda es en parte al aire libre, por lo que también podía disfrutar de la brisa del mar. Almorcé y cené en el Aegean dos veces, aunque da la opción de servicio de mesas y un menú que tiene algo para todos los gustos, incluidos platos clásicos de la cocina griega, ensaladas, carnes a la brasa y marisco, así como platos vegetarianos y sin gluten. Además, pude personalizar los platos de la manera exacta en que los quería con un poco de ayuda de los serviciales camareros. También degusté montones de comida en una barbacoa griega en la cubierta al atardecer.

Destinos

Mikonos, la primera escala del crucero, era todo lo que esperaba que sería y más: una isla griega de postal con las más bonitas casas encaladas, calles adoquinadas, sinuosas callejuelas y buganvillas de tonos rosados. Después de haber sacado cientos de fotos, decidí tomar un cocktail en un bar en la zona del muelle de Pequeña Venecia para admirar las vistas. Mientras contemplaba el atardecer, me prometí que algún día regresaría para volver a explorar esta hermosa isla.

Al despertarme en el día dos, la embarcación estaba cerca de Kusadasi, mi próximo destino. El crucero incluye una visita gratuita a Éfeso, un famoso emplazamiento arqueológico cerca del puerto y la turística ciudad costera de Kusadasi en la costa turca del Egeo. Tenía muchas ganas de visitar esta atracción turística, incluso cuando me sentía un tanto cansada después de una noche de copas y baile en el bar Eclipse, ¡huy! Por suerte, mi leve dolor de cabeza ya había desaparecido para cuando nuestro autobús llegó a la majestuosa ciudad antigua de Éfeso, la cual acoge maravillosas ruinas, entre ellas la Biblioteca de Celsus y el Templo de Artemisa.

Cinco horas y media más tarde, estaba de regreso a bordo del Celestyal Olympia, disfrutando de un enorme plato de deliciosa pasta y una copa de vino. Poco después, me dirigí al bar Thalassa, que es donde estuve hasta que la embarcación llegó a Patmos, una isla griega de la que apenas sabía nada, y el destino que menos me importaba visitar cuando reservé mi crucero.

Resulta que Patmos es uno de los lugares más hermosos y tranquilos que he visitado. Patmos es una isla apartada con una historia muy religiosa. Se trata de una isla virgen y pintoresca, a la vez que elegante y con una atmósfera cosmopolita. Me paseé por el monasterio y fui a ver la Cueva del Apocalipsis antes de tomar una bebida y unos aperitivos en una bonita taberna con vistas al puerto. El sentido único de tranquilidad y el ritmo relajado de la isla me sedujo, y no quería irme para nada cuando llegó el momento de irse.

El domingo llegamos por la mañana temprano a Heraklion, en Creta. Aunque realmente quería ver el palacio minoico de Knossos (una excursión gratuita), opté por reservar la visita a la campiña cretense y sobre el estilo de vida, que incluía una parada en la destilería familiar de Raki, en Stironas, y esta resultó ser la excursión en tierra de Celestyal Cruises que más me gustó. Además de ver cómo se produce y se embotella el vino, probé el vino y el raki, disfruté de una comida auténtica, vi un cautivador espectáculo de baile con traje típico, e incluso aprendí cómo bailar al son de la música folclórica griega. La destilería fue una experiencia verdaderamente única, y me lo pasé muy bien comiendo y bailando como una lugareña.

Después de despedirme de Heraklion, regresé a la embarcación para degustar más comida deliciosa y para tomarme un par de cocktails de colores. Contemplé la idea de regalarme una sesión de spa, lo que probablemente hubiera hecho si el grupo de personas que estaban sentados en la mesa de al lado no me hubieran convencido de que me uniera con ellos a una clase de salsa. Aunque ninguno éramos bailarines de talento, bailamos hasta no poder más y nos reímos de nuestros errores mientras viajábamos en crucero hacia la última escala.


Estando rodeada por el increíble paisaje en el pueblo de Oia, no me podía creer que, después de tantos años soñando con visitar Santorini, estaba justo delante de esas famosas cúpulas azules y prístinos edificios encalados. La capital de Fira era igual de hermosa, con laberintos de calles adoquinadas, numerosas tiendas e impresionantes vistas del mar Egeo. Santorini era un destino final de lujo, y ya me había embrujado incluso antes de llegar a sus costas.

Final Thoughts

Aunque fueron unas vacaciones a ritmo rápido, pude saborear bien cada destino y tuve tiempo más que suficiente para divertirme y relajarme entre escalas. Y puesto que fuimos de isla en isla, conocí lugares que nunca pensé en visitar, pero que ahora están sin duda en mi lista de destinos para el futuro.


Algo que realmente me gustó es que nunca se te hace sentir como si tuvieras que hacer algo que no quieres hacer. Nadie trata de convencerte de que reserves una excursión opcional, hagas un tratamiento de spa o pidas un plato de uno de los menús de especialidades, y los miembros de la tripulación fueron las personas más serviciales que he conocido durante un viaje en mucho tiempo. Cada momento de mi crucero fue personalizado y mucho mejor de lo que esperaba, lo que me hizo pensar “¿por qué no he viajado en crucero antes?”


En tan solo unos pocos días, paseé por las calles laberínticas de Mikonos, visité las principales atracciones turísticas de Kusadasi, vi los icónicos emplazamientos religiosos de Patmos, disfruté de la comida y el vino local en Heraklion, y exploré las zonas más populares de Santorini. Pero eso no es todo. Me lo pasé genial a bordo del Celestyal Olympia, y ya estoy echando de menos mi acogedor camarote, mis animales de toalla, mis bares y salones favoritos, y los nuevos amigos que hice por el camino. Lo único que lamento es no haber seleccionado uno de los cruceros más largos, pues esto me hubiera permitido pasar más tiempo en el mar y en tierra.


Entonces, ¿qué opino de mi primer crucero? Disfruté de cada minuto.

 

Ellen Hudson, 30 años, del Reino Unido, adicta a viajar.